
| La enfermedad, se manifiesta a través de crisis que alternan con períodos de estabilidad en la mayoría de los casos. Estas crisis, que afectan tanto la conducta como los pensamientos de una persona, pueden manifestarse de diversas formas. Sin embargo, dentro del polo positivo, se puede destacar un estado de ánimo de mucha alegría o euforia en algunos casos, o de mucha irritabilidad en otros. Así también, es frecuente la disminución de la necesidad de dormir, estar muy conversador en distintos momentos, y no sólo en situaciones sociales, involucrarse en demasiadas actividades que implican una excesiva demanda a la persona, gastar mucho dinero en poco tiempo, perdiendo el control al respecto, etc. Es de vital importancia saber que, en esta patología, generalmente las personas no tienen conciencia de enfermedad, es decir, no perciben el cambio de su conducta en relación con su comportamiento anterior. Al contrario, dicen sentirse como nunca antes en la vida, por lo que no solicitan ayuda. Por este motivo, la familia o las personas cercanas son las que deberán tomar las acciones necesarias. En este sentido, y ya que es una enfermedad progresiva, es decir, que sin un tratamiento y con el paso de tiempo, las crisis se hacen más frecuentes y severas, será necesario consultar a un psiquiatra que inicie el tratamiento adecuado, o a un médico que pueda indagar en la sintomatología, y en caso de estimarlo conveniente, realizar la derivación a un psiquiatra. Psicóloga revisora Carolina Romanik Foncea ver más temas de salud mental... |